En agosto del 2008, Ismael Oddó tomó la decisión de abandonar su puesto en Alamedas, banda de la que formó parte desde los 17 años. Casi de inmediato, trasladó su bajo hasta la sala de ensayos de Francisca Valenzuela y en el camino, se decidió a armar su propio debut discográfico: Déjame dormir (10). Un álbum totalmente independiente, que se lanza oficialmente este viernes en Sala Master. Al final de esta conversación, Oddó va a decir que se inspiró en el Ahí vamos (06) deGustavo Cerati y en el Diamond hoo ha (08) de Supergrass; pero que su disco también tuvo como influencias a Solar y su primer tutor: Alejandro Gómez; así como aFrancisca Valenzuela: “Si no hubiera tocado con ella, jamás hubiera podido financiarOddó“. El sol pega vertical en el Parque Bustamante cuando repasamos los vertiginosos últimos seis años de este chico de 23. Rec.
Presentados como el más esperado número de la primera jornada de SUE, lo cierto es que pasada la medianoche en Espacio Riesco, el público presente era relativamente menor en cantidad al que presenció los 80 minutos de Mika. Lo de Scissor Sisters fue un show accidentado. Tras la tibia recepción de su más reciente disco Night work (10), el trasero masculino de su carátula sirvió también de telón durante gran parte de la noche, para abrir con el tema que da el nombre al disco, alternando con otros pasajes: “Any which way“, “Harder you get“, “Skin this cat” y cerrar la primera parte con “Nightlife“.
Lo de Mika es una montaña rusa interminable. De sonido deudor de Prince y sobre todoMercury. Que de entrada ya más de un millón de usuarios oímos en su MySpace, antes de que cualquier sello editara su debut Life in Cartoon Motion (07). Tal cual Arctic Monkeys y Lily Allen. También es una provocación, mucho más allá de un simple escritor de pop inglés pegadizo. Aunque cuando arranca puntual con “Relax, take it easy” en la primera noche de SUE,Mika también hace gala del falsete de contratenor, de impecable blanco y chaqueta azul marino con brillo hasta en los cordones. Abajo, un cuarto del Espacio Riesco baila en su puesto, otro cuarto canta y el resto está vacío.
Oddó tiene la mirada cansada cuando asoma sobre el centro del escenario de la Sala Master. Es el último músico en entrar a escena. Toda su banda ya está en posición cuando arranca el lanzamiento en vivo de su debut Déjame dormir (10).
Pegado al escenario, El Abrazo es un carrete entre desconocidos que, obligados por el estrecho espacio, compartimos hombro con hombro, como viejos amigos, entre poleras deCalamaro y camisetas de Rosario Central e Independiente, alternadas por Juanitoscaracterizados de Julio Martínez o Scorpion, una que otra bandera de Bolivia y lienzos deCerati. Mientras esquivamos dos grúas de cámaras a las que más tarde Charly saludará (“puta televisión”) y Beto Cuevas no parará de entregarles poses, cien metros más atrás (¡!) está la primera fila de la cancha general, con miles de asistentes mucho más apiñados y con la vista obligada a las pantallas que suplen la impresentable distancia con los dos escenarios principales, torre de iluminación mediante.
Entusiasmo, mucha improvisación y hippies. Por todas partes. Los primeros en Chile. Enloquecidos por el LSD y las anfetas, con días sin dormir y sexo libre. Niñas que no volvieron a sus casas y de fondo: Los Blops, Los Jaivas y Aguaturbia. O no. De eso trata básicamente Piedra roja, el Woodstock a la chilena que un grupo de estudiantes del barrio alto santiaguino organizó en octubre de 1970 y que el periodista Antonio Díaz Olivainvestigó para acabar con el mito y ajustar algunos datos con la leyenda.
Cualquiera que haya vivido un poco está consciente de que un año puede llegar a durar un siglo o un segundo. Con todos sus acentos, verdades y mentiras, todo mezclado y al mismo tiempo. Así mismo pasa en los conciertos. Los segundos parecen tan rápidos cuando la fuerza de la experiencia y la intensidad de algunos elegidos se ubica en frente, dejando un gran recuerdo, algo efervescente, al contrario de los momentos flojos, que hacen ruido y te provocan una eterna cacofonía y las ganas de salir arrancando del lugar. Todo eso tuvo el concierto de Jorge González, su propia cátedra.
Un pisotón con anestesia oscureció el Teatro Caupolicán con los teclados setenteros de “I’m not in love“, el clásico inmortal de los 10cc que sirvió de introducción al concierto deLCD Soundsystem en Chile. El primero y el último, como sabemos. Cuando unos minutos pasadas las 22 horas, Al Doyle de Hot Chip fue el penúltimo músico del soundsystem en ubicarse a un costado del escenario, para intercalar su guitarra con un set de percusiones y un sinte. Flanqueado por la The Juan MacLean, Nancy Whang, y la primera alerta a la vista: el batero Pat Mahoney de barba, shorts y sudadera, porque lo de LCD Soundsystem es la repetición exhaustiva hasta alcanzar el trance, con canciones de 8 minutos por lo bajo. La bola disco colgada en lo alto del Caupolicán y el doble patillo tocado como ídem iluminan otra pista: James Murphy calibró el pulso exacto en que saltar se confunde con bailar, cuando se incorpora al frente de la primera línea de su banda, en medio de “Dance Yrself Clean“, el tema que abre el concierto y también el último disco de la banda, This is happening (10).
¿Qué hay detrás de Mark Zuckerberg después de ver The Social Network? Hambre. Y Mucha. Lo que sucede es terrible. Bueno, no tan terrible, pero sí aclarador. Digamos que romper y volver a flote puede costar tiempo y varias sacudidas. Digamos que en el camino somos una botella de Coca-Cola y quien nos agitó fue una mujer a la que (quizás) nunca volveremos a ver. Fue ella la que nos miró directo a los ojos y nos hizo reír, hablar, dudar, conectar. Y digamos que un tipo incapacitado para interactuar socialmente, movido por esa costra de reconocimiento y afecto, crea un instrumento precisamente de interacción social. O su simulacro. Y tapa esa botella de gas burbujeante con el dedo (y se convierte en el billonario más joven del globo), al menos por un buen rato.
El punk quedó enterrado cuando demolieron esos galpones oxidados y llenos de jeringas usadas y esta es una resaca del concierto de Green Day. Ahora convertidos en el circo itinerante del domador Billie Joe Armstrong. En un espectáculo hecho para escuchar los temas mejor rankeados de Green Day, cantar y emocionarse con la banda y hasta tocar con ellos. Lo que musicalmente son tres o cuatro moldes de canciones que se van repitiendo durante toda la discografía/noche (las intros rítmicas que explotan en distorsión, tipoLongview o She; los lentos con sentimientos y guitarras de palo: Good riddance o Wake me up when septiembre ends; los discursos súper políticamente correctos y a la vez rupturistas con crispy de punk-pop-californiano: Minority, American idiot. Y el resto). Pero eso da lo mismo. Hace rato que ni Billie Joe Armstrong ni Mike Dirnt le van a Pete Townshend, ni Rob Cavallo les escribe una buena rola. Y este show prende otro switch.
Jueves de conciertos, hace calor en Loreto, una rubia se sube el vestido, apesta a cigarro.Los adolescentes juega con esa repetición hasta la angustia o la alegría del sonido deDënver post Totoral (08, Neurótyka). Que puede ser la belleza de algo nuevo, o bien la sensación de un asesinato de alguien que lo merecía. Como casi todo el Música, gramática y gimnasia (10, Cazador), que parece una fiesta en medio del caos, como provinciano fascinado con la ciudad, medio que extranjero, como inmigrante viendo las cosas que los locales no ven.
Seek up, Shake me like a monkey. Dave Matthews Band juega en equipo. Cada parte funciona como el soporte de una mega estructura. Corte todo el cliché de esa frase y exprima el peso del show dividido entre la improvisación colectiva, donde todos tienen la libertad de hablar con sus instrumentos, como en una jam band, como alguna vez lo hizo Grateful Dead. Cada cual brilla a su medida. Sin ahogarse por la figura de un líder. Aunque esa imagen sobre el final, con toda la banda mirando al batero Carter Beauford, dice harto.
Vuela una nube de confeti en Jane’s Addiction cuando varios ya estamos instalados en el lado opuesto de la elipse. Lo de Kanye West es inminente y hay varias ideas dando vueltas como los papelillos. Cosas como que: Uno. No habrá balazos del repertorio gangsta rap ni estrofas homofóbicas o hasta racistas (…), ni los sampler de raíz funk y negroide del género. Al contrario, West hasta usa a Labi Siffre en la somnífera “I wonder” y su paladar musical va más ligado a los vinilos empolvados: Al Green, Bill Withers, The Dramatics, Jerry Butler, Eddie Kendricks.